¿Qué sería de nosotros si no fuera por los sueños? Y cuando digo sueños, me refiero a nuestros anhelos más profundos, a todo aquello que nos gustaría alcanzar para ser más felices, o simplemente para ser.
Cuando hablo de sueño no estoy hablando de fantasías de la mente, sino del grito ahogado del ser, aquel que nos marca el objetivo, nos revela el propósito y nos hace sentir que aún hay esperanza.
Ese sueño que muchas veces se ahoga en nuestra garganta y se difumina en nuestro día, pero que en un lugar profundo de nuestro ser, guarecido en el refugio del alma, late esperando simplemente ser escuchado.
Así surge .Amets (sueño en euskera), de un sueño, de un propósito de alma. El propósito de acompañar al ser humano a vivir, a percibir, a sentir desde otro lugar.
El propósito de acompañar a difuminar los límites del cuerpo humano, ese cuerpo físico, emocional y mental, para usarlo como herramienta, pero no como un fin, y desde luego no como una jaula de oro en la que la mayoría nos sentimos reclusos de nosotros mismos.
El propósito de despertar, de liberar, de reconectar al alma, nuestra energía primordial, aquella que ha orquestado esta vida, las pasadas y las venideras.
Un propósito para acompañarte en el despertar de un sueño, el sueño del mundo que a menudo nos parece demasiado real, para amanecer en una verdad en mayúsculas, la verdad de la vida, de tu potencial, una realidad que en nuestro día a día queda velado como un sueño.
Así surge maria abaitua .amets, para cobijar, para refugiar al alma, al gran sueño del alma y transformar nuestra realidad, para que tomemos consciencia que aquello que soñamos es real y es posible, ¡porque lo es!
Si quieres saber más sobre mi propio despertar te recomiendo leer Abrazando mi oscuridad, y si este llamado te resuena no olvides reservar una sesión de canalización, de sanación en el Templo.
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